Archivo para agosto, 2010

Cine de verano: algo parecido a la felicidad

Posted in Uncategorized with tags , , , , , on agosto 15, 2010 by Esteban Muñoz

Texto: Esteban Muñoz

En el cine, como en la vida, el verano es el ocioso escenario de chapuzones playeros, ingestión de cócteles, orgías de piscina, romances tan cortos como intensos y demás peripecias en chanclas y gafas de sol. Es tiempo de felicidad, o algo parecido a ésta. Así lo vemos reflejado en las tres películas que hemos escogido para la ocasión: La piscina, El nadador y Pauline en la playa. Sus protagonistas buscan divertirse, pillar un buen bronceado, ser invitados a fiestas, enamorar y enamorarse; en definitiva, hacer del periodo vacacional un espejo fiel de cómo idealmente debería ser la vida.
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La piscina

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , on agosto 15, 2010 by Esteban Muñoz

Texto: Esteban Muñoz

Mitad melodrama de pareja, mitad thriller psicológico, La piscina es un glamouroso y semiolvidado éxito de taquilla francés, dirigido por Jacques Deray y estrenado en 1969, en el que los sentimientos y las pasiones alternativamente se zambullen y salen a la superficie, como hacen los protagonistas en la piscina que da nombre al filme.
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El nadador

Posted in Uncategorized with tags , , , , on agosto 15, 2010 by Ercilia M. Perriere

Texto: Ercilia M. Perriere

Tenía muchas ganas de entrar en agosto de la mano de este film que representa para mí la mejor pool-movie de todos los tiempos. Recuerdo haberla visto muchas veces por televisión, y aunque era demasiado joven como para  hacer un análisis profundo y empírico, las sensaciones que me ha transmitido en esta última visión, son las mismas que entonces. El nadador es una insólita cinta que funciona como una alegoría de lo mundano, de las relaciones humanas, de la infidelidad y el desencanto.
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Pauline en la playa

Posted in Uncategorized with tags , , , , on agosto 15, 2010 by Esteban Muñoz

Texto: Esteban Muñoz

Éric Rohmer, licenciado cum laude en relaciones sentimentales, aborda en Pauline en la playa los juegos del amor y sus consecuencias y el paso de la niñez a la madurez. Al contrario de la mayoría de sus compañeros de generación, que trataban el asunto amoroso con bata y bisturí, Rohmer nos lo presenta como quien deshoja margaritas entonando el “me quiere, no me quiere”. Todo sutilidad y con un don divino de la percepción.
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