Astronautas del espacio interior
Texto: Ercilia M. Perriere
Este mes se ha cumplido el 42 aniversario de la llegada del hombre a la luna. El 20 de julio de 1969, quinientos millones de personas contemplaron como Neil Armstrong se convirtió en la primera persona en pisar la luna.
“Esto es un pequeño paso para el hombre, un salto gigantesco para la humanidad”, dijo, antes de que dejara su impresión en el polvo lunar. Las imágenes televisivas fueron transmitidas a la Tierra desde una cámara montada en el Apolo 11. Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins completaban el resto de la tripulación.
Collins se dedicó a orbitar alrededor de la Tierra durante 21hs. Mientras que Armstrong y Aldrin pasaron sólo unas pocas horas en la Luna elaborando algunos experimentos sencillos. Ellos dejaron sus huellas, una bandera de Estados Unidos, y una placa grabada en la que se ve la Tierra y puede leerse: “Aquí, hombres del planeta Tierra pusieron pie por primera vez en la Luna, julio de 1969. Vinimos en son de paz en nombre de toda la Humanidad.”
Este suceso que revolucionó la mente, ha servido de inspiración a muchos directores de cine que han explorado este tema desde diferentes ángulos. Los astronautas han sido retratados en el cine en muchas ocasiones como “los astronautas del espacio interior”, desde una visión introspectiva, profunda e íntima. Algunos se han centrado en historias puramente metafísicas, como Luigi Bazzoni con su film “Huellas de pisadas de la Luna” (1974). O William Eubank con su reciente “Love” (2011) donde la soledad se apropia del astronauta de forma casi claustrofóbica.
Para este bloque elegimos tres películas que desarrollan en su trama, similares particularidades. Donde nuestros viajeros luchan consigo mismos, la cordura y la estabilidad emocional: “Solaris”(1972), “Moon” (2009) y “Más allá del sol” (1968).
